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jueves, 1 de marzo de 2012

Susana Torrado: "Internet ha democratizado el acceso de artistas y autores a los medios de comunicación"

[La profesora de Periodismo Audiovisual presenta Yo, mi, me, conmigo. El triunfo de la Generation Me, publicado por  Comunicación Social]
Por Marta Frechilla



La profesora Jean M. Twenge y otros colegas de la Universidad de San Diego realizaron un sondeo entre estudiantes para conocer los cambios de actitudes que las redes sociales habían provocado en los jóvenes. El 57% contestó que éstos utilizaban facebook, twitter y demás plataformas para la autopromoción y para llamar la atención de los demás. Comenzó a hablarse de un cambio: de la Generación X a la Generación Me, con un discurso en torno al Yo y con actitudes narcisistas. El fenómeno fue el tema central de unas jornadas celebradas en abril de 2011 en la Universidad de Murcia bajo la organización del Grupo de Comunicación, Discurso y Tecnologías (Coditec). Las colaboraciones de profesionales de mundos tan diversos como la televisión, el cine, el periodismo taurino o el estudio del discurso comunicativo han quedado recogidas en el libro Yo, mi, me, conmigo. El triunfo de la Generation Me en los discursos comunicacionales, publicado por la Editorial Comunicación Social. Ahora lo presenta la profesora de Periodismo Audiovisual Susana Torrado, una de las coordinadoras del trabajo junto con el cineasta y escritor Gabri Ródenas y el profesor de Narrativa Cinematográfica José Gabriel Ferreras. El libro puede adquirirse tanto en edición papel en http://www.comunicacionsocial.es como en edición electrónica (eBook) en http://www.librosdecomunicacion.com.

"La gente se ha cansado
de la televisión rosa, quizá
porque tiene preocupaciones
más importantes"
-¿Por qué ha triunfado en estos últimos años el Discurso del Yo? En el libro comentan que en parte se debe a la irrupción de internet y las redes sociales. También vemos que hay mucha gente que vive sola y aislada y quizá sienta el deseo de comunicarse.
-Creemos que ese triunfo del discurso en torno al Yo puede ser debido fundamentalmente a internet. Pero también en medios tradicionales, como la televisión, están triunfando programas en los que los protagonistas son gente corriente, en los que se introduce la cámara casi hasta las entrañas de la vida de una persona, como en Mujeres ricas, en España, o en un programa sobre tatuadores, en Estados Unidos. Hacen programas sobre personas a las que, al final, terminan entronizando y acaban siendo famosas en sus países. Gran Hermano es uno de los programas que iniciaron esta corriente. Pero nosotros en el libro sobre todo hablamos de internet y de las redes sociales, a los que dedicamos la segunda parte del libro, porque han conseguido que los consumidores de productos y los espectadores en televisión hayan dejado de ser espectadores para ser generadores de contenidos. Se está dando un cambio de roles.




-¿Y esos productos mediáticos en torno al Yo son de buena o de mala calidad?
-Hay programas de televisión buenos y malos, y webs y blogs buenos y malos. Más que nada, este fenómeno del Yo ayuda a que gente corriente pueda ser generadora de contenidos; diluye la frontera entre lo amateur y lo profesional. Ahora mismo cualquier persona puede triunfar en televisión, cosa que antes no pasaba. Así, tenemos el blog Qué vida más triste o el videoblog de Isasaweis. Por otro lado, la TDT ha aumentado el número de canales, pero no tanto los contenidos. De hecho, a cualquier persona que le preguntes te dirá que hay muchos canales que no tiene sentido que estén ahí y que repiten muchas cosas. En internet, lo mismo: hay productos buenos y productos malos. Pero sí es verdad que este mayor número de canales de comunicación, que ha llegado con la irrupción de internet, ayuda a que más productos estén a la vista y a que gente que realiza productos audiovisuales o publicitarios, que antes no se podían ver, puedan llegar a más sitios, a todos los hogares si queremos.

-Por lo que dice, se han democratizado los medios de comunicación...
-Se han democratizado los contenidos, pero eso no quiere decir que sean de más calidad. Todo sigue igual, hay cosas de calidad y cosas que no merece la pena ni que se difundan.

-¿Este fenómeno ha llevado a una uniformización de contenidos? Por ejemplo, enciendes la televisión y en diferentes canales están poniendo programas parecidos. Hay muchos canales, pero no hay variedad.
-Eso ha funcionado siempre. Esto va por oleadas, son modas. Si nos remontamos a los 80 y los 90, triunfaban las telenovelas. Hubo una oleada de series españolas, con Farmacia de guardia o Médico de familia. Luego de repente dejaron de gustar y ahora vuelven a tener éxito. Las series americanas también tuvieron su época. Ahora están triunfando los concursos, que tuvieron su momento con las televisiones privadas en los 90, luego hubo una reducción y ahora vuelven a triunfar. Hay concursos que están ganando en prime time a series estadounidenses. Va por oleadas, y se uniformizan los contenidos, antes y ahora. Si Antena 3 triunfaba con un concurso o con una serie, Tele 5 también lanzaba un concurso o una serie. Ahora están triunfando las miniseries, las tv-movies, en cualquier cadena. Lo que funciona en una cadena lo copia otra. Y con la TDT todo esto es más exagerado, más ahora que estamos en crisis y las cadenas no pueden producir contenidos nuevos porque no hay dinero. Si TVE se plantea si puede seguir produciendo más capítulos de Águila Roja o de Cuéntame, imagina el resto de cadenas, sobre todo las más pequeñas.

-¿Y por qué ahora, de repente, triunfan los concursos?
-No sé el motivo, quizá porque la gente se ha cansado de la televisión rosa, los programas de cotilleos. Pienso que la gente tiene otras preocupaciones más gordas que famosos regodeándose en su propia fama. En uno de los capítulos, el escrito por mí (Reinados, audiencias y anonimatos. El egocentrismo en la programación televisiva en España), hablo de que los protagonistas de Sálvame son los colaboradores de Sálvame, que tienen una cláusula para contar su vida en el programa. Por un lado, nos entretienen, pero al mismo tiempo nos damos cuenta de que es una tontería. ¡Bastante tenemos nosotros con nuestros problemas!


"Algunos famosos utilizan
las redes sociales para
acercarse al mundo real
y otros de modo narcisista"

-Mencionan casos que no son puro narcisismo, que son positivos. Uno es El proyecto de la bruja de Blair, en el que los fans participaron con sus opiniones en el proceso de producción de una película. Y otros que dan la oportunidad a artistas para promocionar sus obras.
-Por un lado, una serie de personas utilizan las redes sociales para autopromocionarse. Por otro, otras las usan para un beneficio positivo en su trabajo: escritores que pueden publicar su novela gracias a Kindle, grupos de música que se promocionan a través de MySpace o gente que ha encontrado trabajo gracias a las redes sociales. Lourdes Martínez, en el capítulo Mis redes, mis seguidores y yo. Los personajes públicos como origen de la información noticiosa, habla de que gracias a las redes sociales famosos y deportistas pueden relacionarse con sus fans y sus hinchas, cuando antes era gente que estaba entronizada y que no conseguía llegar al público general. Algunas personas las están utilizando positivamente, para acercarse al mundo real, y otros de un modo narcisista. Cuando Andreu Buenafuente hizo un ERE en su productora, El Terrat, la gente corriente pudo preguntarle directamente a través de twitter cuáles eran sus motivos para llevarlo a cabo. Antes sólo los medios de comunicación habríamos tenido acceso a él y la gente corriente se hubiera limitado a comentarlo en su grupo cercano.

-Entonces, ha habido una inversión de los términos: los ciudadanos corrientes son menos anónimos y los famosos son más accesibles.
-Sí, antes si te gustaba el cine tenías que acercarte al Festival de San Sebastián o al que fuera para acceder a un actor. Ahora ese actor tiene cuenta en twitter. Los famosos encuentran en las redes sociales una buena manera de promocionarse y la gente corriente puede tener acceso a esas personas famosas. Es positivo, pero también negativo porque ahora puedes criticar más. Antes tenías que conformarte con hacerlo en familia. Te podía parecer mal la actitud de un famoso, pero no se lo podías decir.

-Uno de los fenómenos derivados es el periodismo ciudadano, ¿qué le parece?
-Que ahora cualquier ciudadano pueda ser reportero ocasional es positivo, porque contamos con imágenes a las que antes no teníamos acceso, como acontecimientos locales. Un incendio, por ejemplo. La persona va con su móvil, lo recoge y lo difunde. O acontecimientos más remotos o en lugares más inaccesibles por la censura o por cuestiones políticas, como es el caso de las revueltas en los países árabes. Los ciudadanos pueden acceder a sitios a los que los periodistas no pueden llegar.

-Positivo, pero están quitando el trabajo a los periodistas, ¿no cree?
-La calidad de las imágenes que pueda mandar un ciudadano anónimo no es la misma que pueda recoger un medio de comunicación. Además, estamos en una época en la que los medios de comunicación están limitando sus recursos: cada vez hay menos reporteros y menos corresponsales, porque salen caros, y esas imágenes pueden solucionar la papeleta sobre todo a medios con menos recursos a los que les vienen bien esas imágenes. No creo que elimine puestos de trabajos; las imágenes necesitan una explicación,  y esa explicación la dan los profesionales.

 "Gracias a las redes sociales,
la Generación Me todavía va
a durar unos cuantos años más"



-Como sigamos así, esto puede ser el fin de los medios de comunicación tradicionales...
-Cuando llegó la tele dijeron que la radio se acababa y cuando llegó internet que se acababa la tele, y aquí siguen, conviviendo. Yo pienso que hay sitio para todos. En muchos congresos de comunicación aparece esta discusión: si los medios digitales van a acabar con los medios tradicionales. Yo creo que no, al menos en esta generación, no. Tengo más dudas con la prensa escrita, porque hay menos gente que la compra. No es lo mismo comprar el periódico que ver la televisión, que la tienes en casa y basta con encenderla.

-Quizá todos estos cambios exigen una adaptación de los medios tradicionales, un cambio de discurso, de contenidos...
-Cuando surgió la prensa digital se contrapuso su inmediatez con  las ventajas de la prensa escrita: mayores argumentos, más fuentes consultadas y noticias más sesudas. La prensa tradicional quizá deba mejorar sus contenidos. Pero lo que sucede es que están bajando las ventas de prensa. Se juntan varios factores.

-¿Hasta cuándo va a durar la Generación Me? ¿Hasta cuando, en el caso de la televisión, seguiremos viendo Callejeros, Gran Hermano, Granjero busca esposa...? ¿Cuál va a ser el siguiente paso?
-Los programas de gente anónima van a seguir, porque nos vemos reflejados en esos programas y nos gusta que gente normal como nosotros salga en la televisión. En televisión tampoco podemos generalizar y hablar de Generación Me, porque hay gente egocéntrica como en Mujeres ricas, pero también hay otra gente normal que le gusta salir y que se vea su vida, pero que necesariamente no es narcisista. El cambio de generación no sé cuándo llegará porque no soy socióloga. Pero creo que esa generación, gracias a  las redes sociales, va a durar unos cuantos años.

-Ese discurso del Yo, del que también hablan en el libro, ha dado frutos positivos, no narcisistas, sino personalistas,  como algunas películas (José Luis Guerín, Manuel de Oliveira...)
-Hay que diferenciar entre la Generación Me y las teorías del Yo, que no tienen que girar en torno a la autopromoción, al autobombo y al narcisismo. En el cine existen una serie de experiencias positivas, como cineastas que crean sus obras en torno a su propia persona o a gente corrientes. Las nuevas tecnologías han permitido que la Teoría del Yo se engrandezca, está bien que los consumidores y los espectadores terminen siendo generadores de contenidos. No quiere decir que sean narcisistas, sino que tenemos la posibilidad de crear publicidad, programas, de triunfar en televisión y en internet y que la obra de algunas personas llegue a más gente. La sociedad puede llegarse a cansar de la gente que se mira mucho al ombligo, de ese narcisismo.

lunes, 6 de febrero de 2012

J. Marzal y A. Casero: «La ciudadanía está expuesta a contenidos audiovisuales que pueden ser nocivos»

[Entrevista con los editores del libro Periodismo en televisión. Nuevos horizontes, nuevas tendencias, publicado por Editorial Comunicación Social. Por Marta Frechilla]

Poco tienen que ver los informativos de televisión que se hacen ahora con los que se realizaban veinte o treinta años atrás. Sus contenidos sufren, cada vez con más fuerza, el auge del infoentretenimiento. Son el resultado de una mezcla de información, entretenimiento y espectáculo. Del afán de las cadenas por captar la atención del espectador y ganar la batalla de las audiencias, y de las múltiples implicaciones narrativas,  empresariales, profesionales y democráticas de este fenómeno, habla el libro Periodismo en televisión. Nuevos horizontes, nuevas tendencias. Sus editores Javier Marzal y Andreu Casero han tratado de hacer un estudio «en profundidad» del infoentretenimiento a partir de los análisis de 17 expertos, entre ellos, dos autores internacionales de «primer nivel» como los profesores Daya Kishan Thussu y Carlo Sorrentino.

Los editores del libro publicado por Editorial Comunicación Social.

-¿Esa mezcla de información y entretenimiento del que hablan en el libro puede deberse a una demanda de la sociedad? Quizá al público los contenidos de los informativos de hace 20 años le podían resultar hasta un poco plúmbeos...
-¿El infoentretenimiento responde a la demanda de una audiencia o, por el contrario, vendría desde las propias televisiones y el mundo profesional? Sería un poco simplificador atribuir el auge del infoentretenimiento únicamente a la audiencia como responsable último. En la televisión, un medio en el que prima el discurso publicitario, pesan los datos de audiencia. Pero también el público se acostumbra a la oferta que tiene, y a veces la demanda de productos audiovisuales viene dada por los hábitos que el público va adquiriendo como consecuencia del tipo de oferta a la que tiene acceso. Si la oferta televisiva se limita básicamente a adoptar el modelo del infoentretenimiento, ¿qué va a consumir el público si no tiene alternativa? Pero también vemos que, cuando al público se le ofrecen productos de otra calidad y hay posibilidades de elegir, responde. Con el cambio del estatuto de la Corporación RTVE, hemos visto cómo la información en este grupo ha sufrido cambios notables e importantes, y cómo es posible hacer otro tipo de televisión que tiene una audiencia bastante importante.

-¿Hay alguna cadena de televisión que se escape de esa creciente mezcla de información y entretenimiento en la televisión?
-La intensidad del infoentretenimiento no es la misma en todas las televisiones. Hay algunas cadenas que, por un planteamiento más mercantil, agudizan las tendencias del infoentretenimiento, hasta el punto de que la información pierde algunos de sus componentes clásicos y fundamentales y se torna en un mero divertimento. Hay televisiones que han agudizado, incluso radicalizado, el infoentretenimiento por motivos comerciales. Las televisiones públicas, al no estar vinculadas a una lógica de mercado, deberían escapar más fácilmente al infoentretenimiento. TVE tiene un menor nivel de intensidad de infoentretenimiento que otras cadenas españolas. Pero no debemos olvidarnos de que el infoentretenimento se ha convertido en una ideología global que traspasa todos los programas informativos. No podemos hablar de si hay o no hay infoentretenimiento, sino en qué dosis, porque en todas las cadenas hay infoentretenimiento, también en los informativos de TVE, y no hay que esmerarse demasiado para encontrarlas. El infoentretenimiento ha atravesado y se ha situado como un componente del que, consciente o inconscientemente, no se puede prescindir para hacer televisión, ha transformado la naturaleza de la información que ofrece. Es difícil encontrar ejemplos de información en los que no hay alguna dosis de infoentretenimiento, que, como lluvia fina, va penetrando la información en televisión.

-¿Y puede ser que, en pequeñas dosis, no sea tan malo el infoentretenimiento?
-Hay posturas para todos los gustos. Las hay que consideran que el infoentretenimiento en una dosis pequeña puede incluso ser un elemento interesante porque puede atraer a un mayor número de espectadores a la información, generar que personas poco interesadas en ámbitos informativos duros, como la política o la economía, consuman más información. De esta forma se integraría con mayor capacidad a los ciudadanos en las dinámicas de la esfera pública y en los debates públicos. También hay la postura contraria, de autores e investigadores que defienden que el infoentretenimiento lo que provoca es una degradación clara y contundente del periodismo, y que lo que hace es, en definitiva, trivializar la realidad, apostar por temas de poco impacto en el interés público, que son curiosidades, sucesos,  deportes... y ocultar los problemas verdaderamente importantes de la sociedad. Desde ese punto de vista provoca efectos claramente negativos en lo que se refiere a la función democrática que ejerce el periodismo. Nosotros creemos que en el punto medio está la cuestión: no todo el infoentretenimiento provoca efectos claramente negativos en términos democráticos y no todo el infoentretenimiento provoca efectos positivos en la vinculación del ciudadano con la información. Una mezcla de las posiciones nos puede ayudar a entender el fenómeno, que tiene consecuencias sociales profundas, no sólo desde el punto de vista informativo.

«En todas las cadenas de televisión hay
infoentretenimiento, también en las públicas,
pero en diferentes dosis»


-El libro habla de la americanización de los informativos, de un fenómeno que partió en Estados Unidos, ¿hay algún país que haya encontrado ese equilibrio que comentaban antes y que constituya un ejemplo de buenas prácticas?
-Nos cuesta dar una respuesta adecuada porque no hemos buscado una visión internacional. Preferíamos un análisis a fondo de los elementos del fenómeno más que un análisis en los diferentes países. Por otro lado, no hemos planteado el análisis en términos de la calidad, del infoentretenimiento cómo algo que pervierte la calidad del periodismo, sino como un tema abierto que genera profundas transformaciones y que, desde ese punto de vista, es interesante estudiar en sus múltiples facetas. Por eso no podemos marcar ninguna cadena ni ningún país que haga un buen infoentretenimiento, que desarrolle unas buenas prácticas. Como se ve muy bien en el capítulo que hacen Javier Marzal y María Soler, los propios profesionales se ven impotentes ante este fenómeno y tienen que adoptar lógicas empresariales y lógicas que no están en sus manos. Se ve claramente que el infoentretenimiento es una cuestión contra la que es difícil luchar, aunque los propios profesionales no estén muy de acuerdo con la introducción de estos parámetros. El infoentretenimiento no tiene por qué ser un fenómeno negativo, y nosotros no lo hemos abordado como tal. No todo lo vinculado al infoentretenimiento es negativo, pero sí puede tener consecuencias negativas.

-Uno de los capítulos que más llama la atención es el dedicado a los programas tipo La Noria, de Telecinco, programas que revestidos de carácter informativo, son puro espectáculo. ¿Debería haber un control, unos límites legales, incluso prohibir este tipo de programas enmarcados dentro del género del Reality Show?
-Es un género muy hispánico en los últimos tiempos. En el texto hay un análisis muy concienzudo, que pone negro sobre blanco hasta qué punto nos puede llevar la deriva de construir un espectáculo a partir de acontecimientos y de sucesos. En casos como éste, como el de La Noria, lo que echamos de menos es la aplicación de la legislación vigente. También echamos en falta en nuestro país algún tipo de entidad, como los consejos audiovisuales, que tienen como principal objeto velar para que las televisiones no crucen determinadas fronteras y límites bastante cuestionables, por una cuestión de una cierta higiene social. No podemos olvidar nunca que, ya sean operadores públicos o privados, están haciendo uso de un espacio público y ese espacio público es propiedad del Estado, que se lo asigna temporalmente para que puedan hacer su trabajo. No se trata de ejercer ningún tipo de censura, sino de exigir una normalidad en el desarrollo de las cosas. La ciudadanía está a tiro, está expuesta a determinados contenidos audiovisuales que pueden ser nocivos para determinados grupos de población. Dicho control brilla por su ausencia. Sabemos que en algunas comunidades autónomas existen estos consejos audiovisuales, pero también sabemos que su margen de acción está muy limitado. Es algo que existe en los países occidentales más desarrollados, pero que aquí no ha llegado todavía.

-¿No se producen en otros países este tipo de programas de la órbita del Reality?
-Hay programas de corte similar en otras geografías, pero aquí tiene unas características muy particulares que entroncan muy bien con ciertos programas de entretenimiento que incluyen unos niveles de truculencia muy notables. Yo no sé si en otros países se han cruzado unos límites que aquí se han cruzado, porque no hemos abordado el contexto internacional en este libro. Quizá sería muy interesante estudiarlo, pero el libro tenía unas limitaciones de espacio.

-Hablan de fenómenos como la concentración de medios o la inserción de publicidad que favorecen la competencia entre medios de comunicación y conllevan una agudización del infoentretenimiento. Y ahora, encima, llega otro competidor que puede fomentarlo todavía más: la expansión de internet.
-Internet introduce factores que son nuevos y que, a la vez, refuerzan algunas tendencias ya presentes en el medio televisivo. Internet aumenta la cantidad de información a disposición del público, hay una sobreabundancia de información. Esa sobreabundancia de información está llevando a agudizar el infoentretenimiento, para así conseguir destacar entre ese volumen tan alto de información y entre ese volumen tan alto de competencia. Los medios van a buscar entretener, sorprender e incluso desconcertar al espectador, para captarlo y para que consuma lo suyo y no vaya a otras plataformas que también ofrecen información.