martes, 31 de enero de 2012

Fátima Gil: «El cine es una buena forma de conocer cómo era la mujer española durante el franquismo»

[Entrevista con Fátima Gil, profesora de la Universidad Internacional de La Rioja. Acaba de publicar Españolas en un país de ficción. La mujer en el cine franquista (1939-1963). Por Marta Frechilla]

En los años 40 y 50, los españoles acudían al cine de forma masiva. Según las estadísticas de la época, casi una vez por semana. El séptimo arte era entretenimiento, pero el franquismo también encontró en él una vía más de adoctrinar a las mujeres sobre lo que debían hacer y lo que no y advertirles de las consecuencias de sus actos. La profesora Fátima Gil Gascón ha estudiado durante ocho años las películas que se hicieron en aquella época y ahora publica el libro Españolas en un país de ficción. La mujer en el cine franquista (1939-1963), bajo el sello de la Editorial Comunicación Social. Además, su trabajo ayuda a conocer mejor a las españolas de aquella época.  

La profesora de Comunicación Fátima Gil Gascon ha
estudiado durante ocho años el cine durante el franquismo.

-Para cualquier régimen dictatorial, el cine puede ser una vía de introducción de ideas ‘subversivas’. Llama la atención que la dictadura franquista, lejos de perseguir el cine, lo protegió y lo potenció. ¿Por qué ocurrió esto?
-Realmente en la dictadura franquista, y en general en los regímenes totalitarios y también en las democracias de aquella época, se entiende el cine como un elemento propagandístico muy importante. Permite adoctrinar a la población de forma muy rápida y efectiva. Desde el principio del régimen aparecen consignas en las revistas de cine en las que se hace hincapié en su importancia  como elemento de adoctrinamiento. Hay que tener en cuenta que el cine es uno de los elementos de ocio más importantes. La población española iba, incluso de forma excesiva, al cine: hasta 45 veces al año, es decir, casi una vez por semana. El cine permite enseñar qué es lo bueno y qué es lo malo de forma muy  efectiva y rápida.

-¿Por qué se le ocurrió escribir este libro? ¿No había nada publicado sobre el tema?
-Forma parte de las investigaciones que vengo desarrollando desde hace ocho años. Sí que hay algunos libros que tratan del cine y la censura en España, como los escritos por Román Gubern, que es el mayor experto en este tema. También, libros que hablan sobre la situación femenina, pero más de las mujeres que forman parte de la Sección Femenina y este tipo de organizaciones. Pero no hay muchos libros que hablen de la mujer normal y que planteen cuáles eran las consignas y los planteamientos que desde el régimen franquista se intentaban volcar hacia aquella que no pertenecía a ninguna asociación y que estaba en una especie de limbo político y social. Mi intención era entender cuáles eran los parámetros del régimen hacia estas mujeres. Y me pareció que el cine, como elemento de adoctrinamiento, era una buena forma de conocer cómo era la mujer española y el tipo de mujer que pretendía imponer el régimen franquista.

-¿Y cómo era la mujer que refleja el cine durante los años 40, 50 y primeros 60?
-Es una mujer tradicional, conservadora, religiosa, muy apegada al hogar... Lo que se plantea el régimen franquista es que la mujer es madre, y en función de esta idea básica, se desprenden un montón de situaciones y planteamientos destinados a las mujeres. Y pese a que no deja de ser una mujer excesivamente pacata de acuerdo a los parámetros actuales y que el régimen les impone unos condicionantes que ella asume –que tiene que estar en casa o que no puede tener una relación con el sexo opuesto-, sí que son personajes activos, con fuerza y con carácter. El cine no muestra una mujer débil, ni una mujer callada, sino activa y en cierta medida luchadora.

-Haga, por favor, un retrato robot del estereotipo de mujer perfecta que el cine repite en aquellos años.
-Básicamente la mujer está dividida en dos tipos, que irán modificándose en función de los cambios que acaecen en el cine español. La mujer es juzgada en función de sus planteamientos morales y en sus relaciones con el sexo opuesto. Hay dos estereotipos básicos: la mujer que es buena, que se casa, que es madre, es bondadosa, religiosa...; y la mujer mala, que mantiene unas relaciones abiertas con los hombres y que transgrede las normas sociales establecidas. En los 40, las mujeres malas suelen fumar, llevar pantalones, son más escandalosas y visten de forma más llamativa que las buenas, que son más recatadas. En los 50, cuando pasamos a una sociedad más realista y menos alejada de la realidad, menos idílica, comenzarán a entenderse estas diferencias, aunque siempre va a haber mujeres buenas, que son las que aceptan lo que se espera de ellas, y las malas, las que no. Las primeras obtienen una recompensa y las segundas, un castigo.

-De las 230 películas que ha analizado, ¿cuál refleja mejor estos estereotipos femeninos?
-Estos estereotipos se manejan en todas las películas, así que hay muchos ejemplos. Pienso en ‘Pequeñeces’ (Juan de Orduña, 1950), que muestra muy bien el estereotipo de la mujer mala. En la vida disoluta que lleva, el castigo es perder a su hijo; primero moralmente, y después físicamente, porque el niño muere. Una película en que se ve a una mujer buena es ‘Castañuela’ (Ramón Torrado,1944), una chica buena, joven y que respondería más al  tipo de mujer de la españolada. Es bondadosa y moralmente adecuada. Está enamorada del señorito, pero como sabe que su amor no va a ninguna parte, es capaz de renunciar a él.

-¿Y no hubo alguna película que consiguiera burlar la censura y nos mostrase una mujer que no responde a estos estereotipos?
-La censura tenía un proceso largo. Primero había que presentar una sinopsis, luego un guión y, una vez que el guión era aceptado, les daban un cartón de rodaje. Después, la película era visionada por la junta de censura, que decidía si había que cortarla, prohibirla... No es un proceso en el que se pudieran colar muchos elementos. Aun así, más que una película concreta que haya transgredido todas las normas de censura, sí que se dan casos de escenas determinadas en que se pueden observar cosas que resultan sorprendentes. Hay películas que sí muestran la realidad social tal como era, una sociedad lamentable y paupérrima. En ‘La chica del gato’ (1941), la protagonista, Guadalupe, viste con harapos y vive con unos tíos que la han acogido. Se le insta a que cometa un delito, a que vaya a robar, y le dicen que si no va a robar tendrá que prostituirse. Los tíos con los que convive no están casados, pero sí tienen hijos. Estas situaciones que se salen de la doctrina establecida aparecen de vez en cuando. O escenas en las que vemos droga, sustancias que parecen cocaína. Hay escenas en las que si permaneces atento, ves elementos sorprendentes y que pasaron la censura. Muchas veces sí que se cuelan resquicios de realidad en un cine que no está reflejando, en ninguna de las épocas estudiadas, la realidad de los españoles.

«Había dos estereotipos: la mujer buena, madre,
esposa, religiosa...; y la  mala, transgresora y
que mantenía relaciones abiertas con los hombres»
-La censura y el régimen controlaban las películas españolas. Pero, ¿qué ocurre con los filmes extranjeros, que, suponemos, introducirían una moral diferente a la impuesta?
-Las películas extranjeras son sometidas a censura y muchas de ellas son prohibidas. ‘Lo que el viento se llevó’, de 1939, se prohibió en aquel momento y se estrenó en 1950. Las películas son censuradas y dobladas, y al doblarlas, puedes modificar sustancialmente lo que se está diciendo. O puedes cortar las partes que consideras inadecuadas. Es interesante ver en las revistas de la época cómo hay ataques furibundos a las películas extranjeras, que introducen una moral que no corresponde a lo que se está viendo en España y que hay que parar. Inevitablemente el cine es imparable. El cine español no tiene unas malas audiencias, pero lo que realmente le gusta al público español es el cine americano, porque es un cine mejor hecho, porque plantea cosas diferentes y porque le resulta más interesante. Pero no hay que olvidar que el cine americano tiene unos códigos de censura propios y que, en aquella época, tampoco era tan transgresor. Los parámetros morales en los que se mueve el cine de Estados Unidos, a pesar de que no son tan rígidos como los españoles, también están muy controlados. A partir de 1967, la cosa cambia.

-¿El cine del franquismo logra su objetivo de adoctrinar a través del cine? 
-Sí, porque el cine tiene una capacidad de adoctrinamiento muy grande, permite transmitir ideologías de forma muy sencilla, sobre todo gracias a la repetición de estereotipos. Inevitablemente, en una sociedad en que todos los medios de comunicación (revistas, la radio, la televisión) tienen el mismo fin, mostrar lo que se tiene que hacer y lo que no, las consecuencias de los buenos actos y de los malos, el cine cumplió su función. Las mujeres entendían qué era lo malo y lo bueno y cómo tenían que comportarse. El cine cumplió su objetivo, pero porque también estaba arropado por el resto de medios de comunicación.

-El cine de aquellos años sigue gustando no sólo a las generaciones que vivieron entonces, sino también a otras posteriores. Tenemos el ejemplo del programa de televisión ‘Cine de barrio’. ¿Se puede disfrutar de este cine, pese a su carga ideológica y de adoctrinamiento más o menos clara y patente?
 -Hay buenas películas en los años 40 y 50, y malas películas en los años 40 y 50. El cine español de esta época, sobre todo de los 40, tiene un componente económico de mucho peso. El sistema industrial de la época decía que hacían películas para ganar dinero, con lo que supone de merma de calidad artística. Pero aun así hay muy buenos directores, hay muy buenos actores y muy buenas películas. Si no estás atento, no percibes la carga de adoctrinamiento, la carga ideológica, o que se repite tal o cual estereotipo. Y eso lo salva. Porque si fuera pura propaganda sería un infierno. Pero yo creo que sí se puede disfrutar de este cine tanto por su valor documental como por el valor artístico de determinadas películas.

-¿Va a escribir la segunda parte analizando el cine en los años 60?
-No lo sé. Igual comparar con la transición puede ser interesante.


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